Aparentar inclusión para vender más: de la nueva Doctor Who y otras super mujeres

Raúl Leandro, filólogo.
Correo: dolmabahce35@gmail.com
Instagram: @raul_l35

Después de llorar en cinco o seis ocasiones durante Avengers: Endgame, y de emocionarme cuando Capitán América por fin levanta a Mjolnir con el cine gritando como si estuviéramos en el estadio, la escena donde Capitana Marvel le ofrece ayuda a Spiderman con el Guantelete del Infinito y todas las heroínas del MCU aparecen alrededor de ellos dos se sintió, bueno, para mí, forzada. ¿Y por qué empezaría hablando de Endgame, si en realidad el título apunta a un artículo sobre Doctor Who? Porque ahora el Doctor es interpretado por una mujer, porque saliendo del cine después de ver Avengers: Endgame escuché a una mujer decirle al novio que la escena le pareció un ejemplo de propaganda muy, qué curioso, forzada; y, porque, cualquiera con dos dedos de frente ha escuchado algún tipo de polémica relacionada con personajes femeninos en cine o televisión. Cazafantasmas 2016, Star Wars, Game of Thrones, la propia Captain Marvel

Debería empezar, supongo, explicando quién es Doctor Who y por qué es importante para lo que quiero decir. Doctor Who es una serie británica sobre un extraterrestre, el Doctor, que viaja en una nave espacial/máquina del tiempo con varios acompañantes humanos y resuelve problemas a través del tiempo y el espacio. La serie se transmitió en la BBC desde 1963 hasta 1989 (la llamada “serie clásica”) y volvió a la vida en 2005 (la “serie moderna”) como continuación de la historia anterior, en vez de un reboot. La serie ha sobrevivido por tanto tiempo, entre otras razones, por el hecho de que la especie del Doctor, los Timelords, pueden regenerarse después de que su cuerpo muere, y obtener un nuevo cuerpo con una nueva personalidad. Hasta ahora, el Doctor ha regenerado unas catorce veces, con trece actores distintos interpretando al personaje (sin contar a Sir John Hurt, pero contar esa historia sería alargarme demasiado, les dejo este artículo con una guía de las regeneraciones); y su última encarnación, cuya temporada terminó con el especial de Año Nuevo, el 1° de enero pasado, es una mujer interpretada por Jodie Whittaker.

Sin embargo, en el momento en que la BBC anuncia que ella va a interpretar un papel que por más de 50 años solo han interpretado hombres (aún a pesar de que The Master, otro Timelord y uno de los villanos más famosos de la serie, ya era interpretado por Michelle Gómez para ese momento y se hacía llamar Missy), una considerable cantidad de fanáticos decidió quejarse de que el casting era una movida política para ser “políticamente correcto”, “inclusivo”, “feminista”, y todos los adjetivos disponibles y repetidos hasta el cansancio ante un cambio en la sociedad que comienza a evidenciarse en los medios de comunicación, donde un público con una injerencia cada vez mayor sobre las producciones que desarrollan los estudios de cine y televisión, quiere verse representado y tener más protagonismo en los productos que consume.

Como este es un artículo de opinión, voy a poner mi cuello en juego aquí: mucha de esa crítica, a pesar de ser malintencionada y de haber sido escrita con el hígado en lugar de la cabeza, no viene de la nada. Primero, como ya mencionaron en otro artículo de esta revista, estamos muy acostumbrados como sociedad a que sean los hombres los protagonistas de las series que consumimos, y tenemos expectativas muy definidas sobre qué clase de personajes deben ser. Star Wars: Los Últimos Jedi, por poner uno de los ejemplos más grandes de los últimos años, terminó por dividir a los fanáticos tanto o más que Doctor Who. No solo por darle a las mujeres un papel protagónico dentro de la saga, sino por hacerlo de un modo que, según muchos expresaron, «detiene a los personajes masculinos de hacer lo que se supone que deben hacer» (Por ejemplo, la general Leia Organa y la Almirante Holdo diciéndole a Poe Dameron que no sea como Han Solo), o los presenta en una luz distinta al heroísmo que se espera de ellos (Como un Luke Skywalker que rechaza la Fuerza porque aún tiene miedo del Lado Oscuro dentro de él; les dejo el link de un video de Pop culture Detectiveque recomiendo al respecto).

Por otro lado, ¿no se siente a veces que las grandes productoras sí quieren parecer inclusivas simplemente para ganar “puntos” entre el público? Marvel, en primer lugar, ya que empezamos hablando de ellos: el estudio tarda casi 11 años en hacer una película del MCU con una mujer protagonista cuando Black Widow ha estado ahí desde Iron Man 2 (2010) relegada a ser un personaje secundario y a tener una trama romántica que salió de la nada y no pegó ni con cemento, y que los directores de Avengers: Infinity War desecharon con la misma facilidad; además, para colmo, la escena de todas las heroínas no la incluye a ella, la primera, (spoilers) porque se sacrificó en Vormir, para obtener la Gema del Alma.

Green Lantern #54 Kyle Rayner encuentra el cuerpo de Alexandra DeWitt en su refrigeradora

Much.os fans incluso se mostraron preocupados porque este fuera otro caso del tropo de la “mujer en la nevera”, expuesto por la revista feminista Women in Refrigerators: nombrado así por una escena infame en el cómic de Green Lantern. La revista originalmente recopiló los ejemplos en que una super heroína murió de manera violenta, perdió sus poderes o fue violada para avanzar el arco del héroe masculino. Y no es por decir que Black Widow encaja perfectamente en el tropo; pero la carga emocional por su pérdida no es ni siquiera similar a la que la película nos hizo sentir (y aún tenemos) por la muerte de Tony Stark. La película de Black Widow está en producción en este momento, pero imagino que no soy el único que se pregunta por qué la están desarrollando hasta estas alturas.

DC, como competencia directa de Marvel, por otro lado, parece hacer las cosas bien con Wonder Woman, pero al mismo tiempo presenta a una Harley Quinn que sirve más como fanservice que como parte de una historia convincente en Suicide Squad. Sin ir más lejos, tiene en televisión su propia porción de polémica con la nueva Batwoman, siguiendo el ejemplo de Supergirl de usar para televisión la versión femenina de un personaje ya consolidado en cine. Otro ejemplo es el «Arrowverse», que presenta a Kate Kane, una militar lesbiana (interpretada por Ruby Rose, una actriz famosa entre la comunidad LGBT+) que sigue los pasos de su primo Bruce Wayne cuando él desaparece de Ciudad Gótica. ¿Por qué la polémica con ella? Aparte de las reacciones que generó el “relanzamiento” de Batwoman en cómics, en 2006, cuando se reveló que el personaje sería abiertamente homosexual, muchas de las escenas que conforman el tráiler de la serie despertaron las alarmas de los mismos grupos que se han quejado en todos los ejemplos anteriores: por ejemplo, en una escena ella entra a la Baticueva, observa el traje de Batman y le dicen que es “perfecto”, a lo que ella contesta “lo será cuando le quede a una mujer”.

Por supuesto, el esfuerzo que se está realizando en materia de equidad y de inclusión es necesario y además urgente, en especial en una sociedad que cada vez se divide más y es menos tolerante con el vecino, la compañera de trabajo, o con el que escoge ver el partido de Saprissa en vez de buscar un documental en Netflix. Sin embargo, y al menos a mí me lo parece así, ese esfuerzo debería venir de un lugar más honesto que el simple hecho de parecer “correcto e inclusivo” solamente para hacer dinero.

La ficción que consumimos, queramos o no, permea en nuestra forma de ver el mundo y en las posibilidades que podemos imaginar para nosotros mismos: si personajes como Batwoman o la 13ª Doctora, o ver a las heroínas del MCU correr a la batalla como un solo equipo, ayudan a las niñas y a las mujeres a identificarse con roles positivos para ellas (como se dijo en su momento que Black Panther lo hizo por la comunidad afro-estadounidense) bienvenidas sean. Y precisamente por esa razón no debería utilizarse esa inclusión como una forma de hacer ganancias o de parecer “uno de ustedes”, como el gesto inútil de Uber de pintar la ruta de los choferes con la bandera multicolor solo por el mes del Orgullo Gay: porque le “embarriala la cancha” a otros esfuerzos quizá más sinceros.

La posibilidad de una Doctora Who ha estado en el aire desde los años 80, cuando le preguntaron al primer productor de la serie cómo podrían evitar la cancelación que finalmente ocurrió en 1989: una mujer, decía él, “que reflejara las preocupaciones, los miedos y la curiosidad de los jóvenes televidentes”, con una interpretación “más acorde al calibre de la BBC, en vez del espectáculo escapista en que se ha convertido la serie”, y que al mismo tiempo no fuera una “maravilla de Hollywood, porque un personaje sin defectos no es interesante” (Lea el artículo completo en inglés aquí)

¿Qué tan diferente sería el mundo si hubieran hecho el cambio antes?

Revista Paréntesis

Revista Paréntesis ofrece un espacio de conversación de diferentes fenómenos culturales con la intención de mencionar diferentes aspectos de sus implicaciones sociales, políticas, ideológicas o su relación con la vida cotidiana y la experiencia personal de cada colaborador.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *